Un policía desbordado

Fuente: elciudadano | Fecha: 2018-01-12

Diego Capusotto incursionó nuevamente en el cine, esta vez con 27: El club de los malditos, de Nicanor Loreti, un thriller con toques de ficción fantástica que se estrenó el jueves último en los complejos de cine locales y en el que interpreta a un detective de la policía que tiene como misión desenmascarar a una organización cuyo fin es destruir a ídolos del mundo del rock, todos de 27 años.

Loreti, uno de los cultores locales del cine de género más respetado, ya había dirigido a Capusotto en dos de sus más aplaudidos éxitos: Kryptonita y la serie Nafta Súper, y la elección para este personaje no es casual, dado que el creador de personajes como Bombita Rodríguez y Pomelo es un amante del rock and roll. Capusotto, aquí acompañado por Sofía Gala, es una de las figuras más importantes aportadas por la televisión argentina en la última década, convertido en un ídolo de un vasto sector de público qué busca ideas detrás del humor de gags.

En relación con este estreno que lo tiene nuevamente como protagonista, Capusotto, en diálogo con la agencia de noticias Télam, analizó las diferencias entre hacer cine y tevé. “Hay una posición expresiva que en este caso puede darse con el personaje que tengas que hacer en el cine. Teniendo en cuenta que el programa de televisión es más autogestivo, tanto de mi parte, de Pedro (Saborido) y del grupo que lo hacemos, hay una idea que parte de nuestra voluntad, de nuestro deseo, y después eso se efectiviza. En el cine, instalarte en la dinámica del personaje es más complejo, porque se puede empezar con una escena que a veces es el final de la película. Tenés que estar dos o tres días para estar más vinculado con el personaje. Con el programa tenemos un ejercicio que es el de una banda que se reúne todos los días para tocar. En el cine es más agotador porque son más horas de trabajo y hay elementos técnicos que hablan y definen cómo hacer ciertas cosas, por lo que vos también tenés que estar a disposición”.

El “malentendido”

Un sector del público, cuando va a ver una película en la que actúa Capusotto, espera lo mismo que ve en televisión. Respecto de este tema, el actor opinó: “Creo que hay una especie de malentendido que es inmodificable. Siempre va a pasar eso. No todos los que van a ver una película piensan lo mismo. Si yo voy a ver una película donde labura Mike Jagger no pienso que voy a ver una película sobre el cantante de los Rolling Stones. Hay que ver, porque capaz que hace de Jagger en una historia que también es interesante. No es el caso de esta película, y si alguien va a ver lo mismo de la televisión va mal predispuesto. Los deseos, las proyecciones de los demás son algo inmanejable. Yo ya aprendí que esas cosas son así, no circula todo como uno quiere sino que depende de la voluntad de otro, y el otro a veces es inabordable y uno no le va a decir al otro cómo tiene que ver lo que uno hace, así que allá ellos con su imaginario”.

Un thriller bizarro

“La película es un caso policial más, pero después deriva para un lugar más fantástico. Hay una historia, en la que mi personaje parte de ella pero no direcciona la historia, sino que la historia lo supera. Todo lo que pasa desborda a mi policía, y también al espectador, en otros términos. Loreti tuvo una idea y se conectó con un cineasta como Alex Cox, el autor de Sid & Nancy, que vio el guión, le pareció interesante y le agregó algunas cosas. Ya había trabajado con Nicanor y tenemos empatía. Me involucré de la mejor manera y la pasé muy bien. Con Sofía (Gala) hay una empatía no sólo trabajando sino personal. Con Daniel Aráoz, Willy Toledo y Yayo, la mejor onda. Se armó un grupo con el que la pasamos muy bien”.

Otro tiempo político

Acerca de si se puede provocar risa en un momento tan difícil, el actor analizó: “Probablemente, sea más sencillo, porque hay una necesidad de gambetear un poco la angustia. Es probable que incluso nosotros hagamos lo que hacemos para alejarnos de la angustia existencial. Que siempre esté presente la política de alguna manera también genera espacio de comedia. La política genera un espacio para la comedia, porque se perdió en el tiempo de que lo político tenía una construcción seria y racional y lo que nosotros podemos es distorsionar esa mirada. Ya está todo mezclado y hay una especie de que todo es todo. Lo que nosotros hacemos con el humor es más una especie de marcar territorio, una sentencia, que afrontar la angustia mediante el humor”.

Y respecto de cómo es esa política que genera “un espacio de comedia”, el actor analizó finalmente: “Los escenarios son más dispersos, hay como una dinámica de lo social, casi como un estado de bipolaridad, porque hay una gran teatralidad en la dirigencia y en los escenarios políticos, una teatralidad que es como una manera de mostrar algo que no es pero que distrae, que hace creer que eso es lo que está pasando. Una especie de sentencia con una teatralidad que confunde y choca. Lo nuestro, si confunde, nos puede divertir porque somos atorrantes: no está hecho con una finalidad, con táctica política, y no estamos defendiendo negocios y mucho menos negocios millonarios en dólares”.